El costo silencioso del agotamiento
Updated: Jun 11
Por: Verónica Valverde J.
Ahí estuve yo… Siendo “exitosa”, trabajando jornadas de 12, 14 y hasta 16 horas, conectándome al trabajo hasta en vacaciones, feriados y fines de semana. Paso a paso, esa rutina se convirtió en mi compañera cotidiana y conforme pasó el tiempo, me perdí, irrespete mis límites, me postergué hasta quedar en segundo plano y terminé cargando más de lo que debía… al punto que no tenía ni tiempo para un café, un almuerzo en calma o incluso llegar a casa temprano para compartir con mis hijos.
Recuerdo que un fin de año en medio de todas las celebraciones festivas, yo solo quería estar desconectada del mundo, no quería conversar con nadie, no quería escuchar a nadie, solo quería recargar un poco la energía que se había agotado y ya no lograba mantener con la misma intensidad que antes.
Cuando comprendí que el burnout suele estar asociado a seis factores sistémicos identificados por Christina Maslach y Michael Leiter, entendí que vivir de manera frecuente 5 de ellos no era solo mi responsabilidad, sino me encontraba sumergida en un sistema organizacional que promovía la sobrecarga de trabajo, la falta de control o autonomía, el reconocimiento insuficiente, las relaciones laborales deterioradas la injusticia organizacional y el conflicto de valores.
Durante años, el burnout se abordó como un problema individual: personas que no sabían gestionar el estrés, organizar su tiempo o desarrollar suficiente resiliencia. Sin embargo, la evidencia muestra una realidad diferente. Según el informe State of the Global Workplace 2023 de Gallup, el 44% de los empleados a nivel mundial reporta sentir un nivel alto de estrés durante su jornada. En América Latina, los niveles de agotamiento emocional superan incluso ese promedio. El burnout ya no es un problema individual: es una falla sistémica de las culturas organizacionales.
Cuando una organización normaliza la sobrecarga, limita la autonomía, tolera liderazgos poco saludables, genera comportamientos discriminatorios estimulando la percepción de injusticia y hace perder la energía vital de su personal con la pérdida de conexión con el propósito, comienza a erosionar progresivamente el bienestar de sus trabajadores. En este sentido, el burnout no es el problema en sí mismo, sino una señal de alerta que revela patrones culturales, prácticas de liderazgo y dinámicas organizacionales que necesitan ser revisadas y transformadas para construir entornos de trabajo sostenibles y saludables.
Pasar del burnout al bienestar requiere un rediseño integral de cómo se lidera, se trabaja y se reconocen los logros. Incluye sistemas de carga laboral sostenibles, liderazgos que modelen el autocuidado, indicadores de salud mental integrados en la estrategia de talento humano, espacios psicológicamente seguros para expresar emociones.
Hoy en día empresas líderes como Google, Patagonia y Salesforce han implementado modelos integrales de bienestar laboral que incluyen horarios flexibles, acceso a terapia y métricas emocionales dentro de su evaluación de desempeño.
Si bien en Latinoamérica aún falta camino por recorrer, me he dado cuenta que aún existe esperanza para las organizaciones que fomentan el liderazgo consciente pues es desde la consciencia y conexión donde se pueden construir entornos donde las personas no solo eviten el desgaste, sino que encuentren sentido de propósito con lo que hacen.
Que buenas prácticas está implementado tu empresa para analizar si la cultura fomenta el agotamiento o está alineada al bienestar?


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